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Editorial 3 Nov
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EL CINE ESPAÑOL, PROPIEDAD EXCLUSIVA DE ATEOS, HOMOSEXUALES Y TITIRITEROS DE MAL VIVIR

 

OPINIÓN (por Miguel Ángel Estépar González)

Ágora: Hypatia
Agora, una película de Amenábar que, desde su mentalidad de ateo, viene a tergiversar el verdadero sentido de la historia que narra, teniendo como protagonista a la Diosa y Filosofa Hypatia . Amenábar sigue con su línea de introducir en el cine las ideas ateístas y mal formadas de su mentalidad como director. En su película "Mar Adentro" hizo gala de elevar la eutanasia al grado de dignidad para morir; si bien es verdad que la película no es mala en cuanto música y desarrollo, sí lo es en cuanto a contenido torticero y dañino para la la moral y el pensamiento cristiano.

El cine es un maravilloso medio para contar la Historia, pero tiene sus limitaciones: a veces, las ambiciones excesivas pasan factura. Los realizadores de «El Código da Vinci» pretendieron convertir a Magdalena en diosa y se pasaron. Amenábar pretende, nada más y nada menos, contar una historia a partir de la cual «el mundo cambió para siempre». Y se ha vuelto a pasar cuatro pueblos más. La película tiene tantos mensajes ideológicos que es imposible meterlos en dos horas y, al mismo tiempo, mantener un ritmo entretenido, interesante y espectacular.

El cine requiere medir las secuencias, los silencios, los tránsitos y, sobre todo, un guión que mantenga la atención del espectador. Es una pena, porque la película contaba con todos los mimbres: un gran director, una generosa producción, una preciosa actriz, un maravilloso decorado y una perfecta ambientación.

Pero sus realizadores lo que pretenden es inyectar en una pastilla los siguientes mensajes:
Primero.- Que las religiones generan odio y violencia.
Segundo.-Que el cristianismo es la más talibán de todas y la que empezó.
Tercero.- Que existen dos mundos, por una parte, el de la filosofía y la ciencia, contrapuesto e incompatible con el de la religión.
Cuarto.- Que el cristianismo al principio fue misericordioso, pero la jerarquía eclesiástica y la Iglesia son por definición intolerantes y fundamentalistas.
 Y, sobre todo, hay dos mensajes más que son especialmente queridos por la película y por toda la explosión de libros y propaganda que estos días se vienen haciendo:

Primero.- El Cristianismo es la causa de la caída del Imperio Romano y de la desaparición de la sabiduría grecolatina.

Segundo.- El Cristianismo, es el culpable de la subordinación y dominación de la mujer por parte del hombre.

En fin, Alejandría e Hypatia son el símbolo de una civilización grecorromana basada en la filosofía, la ciencia y la libertad, hasta que llegó el cristianismo y comenzó la oscura Edad Media. Demasiado para una sola película. Y la cosa continúa porque, según declara el director, ateo confeso, homosexual, ex alumno de internado escolapio, dice que su película se llama «Ágora», refiriéndose a que nuestro mundo es una plaza donde todos pueden vivir y debatir sin usar la violencia. «es increíble cómo se parece a la situación actual».

¿Es casualidad que desde julio hasta el estreno de la película se hayan publicado más de cuatro biografías sobre Hypatia, paradigma de las cuales es la de Celia Martínez Maza, financiada por la Dirección General de Ciencia y Tecnología? Más de 10 novelas, ejemplo de las cuales es la escrita por el hermano de Carmen Calvo, ex ministra de Cultura, además de multitud de estudios de historia sobre la época. Y todo ello con el mismo mensaje. Que todo salga al mismo tiempo no puede ser casualidad. Una vez más, nos encontramos con un ataque ideológico perfectamente orquestado, del cual, por cierto, Amenábar suele ser pistoletazo de salida, como lo fue en el caso de «Mar adentro» con la eutanasia.

Ahora la cosa va directamente contra la religión y particularmente contra el cristianismo. Lo malo de la trama que cuenta la película es que, miente desde el principio hasta el final. Forma parte de la estrategia de reescribir la Historia a la que es tan aficionada nuestra izquierda. De sacar la memoria historia a modo y manera de fanatismo torticero que solo busca reabrir heridas para enfrentar a la sociedad española que se encuentra sumida en el desencanto y que cualquier carnaza putrefacta la sirve de alimento.

Si analizamos los paralelismos de los protagonistas de Agora,  Hypatia no fue asesinada siendo una joven tan hermosa como Rachel Weisz, de 38 años, sino que murió en el año 415 y tenía 61. No fue famosa por sus dotes de astronomía por más que en la película se empeñen terca y cansadamente, atribuyéndole haberse adelantado a Kepler más de mil años; sino porque era una «divina filósofa» platónica, en palabras del obispo cristiano Sinesio de Cirene –única fuente coetánea que se conserva sobre ella-, a la que llama en sus cartas «madre, hermana, maestra, benefactora mía». El citado obispo, a quien en la película se le hace traidor y cómplice en el asesinato de la filósofa, murió dos años antes que ella, así que es imposible que tuviera nada que ver con su muerte.
¿En que nebulosa te encontrabas Alejandro Amenábar cuando dirigiste el guión? seguro que andabas haciendo planes con los titiriteros de tu entorno para meter maleficio en la opinión del espectador.
Hypatia fue virgen hasta el final, pero no vivió la castidad como ha dicho la protagonista, que se ha declarado feminista radical, «para ser igual que un hombre y poder ejercer una profesión con plena dedicación». Lo hizo porque, coherente con su filosofía, ejercía la Sofrosine, es decir el dominio de uno mismo a través de las virtudes entendidas como el control de los instintos y las pasiones.

Hypatia nunca fue directora de la Biblioteca de Alejandría, ni ésta fue destruida por los talibanes cristianos. La biblioteca fue incendiada por Julio César, saqueada junto con el resto de la ciudad por Aureliano en el año 273, y rematada por Diocleciano en 297. Es verdad que en el año 391 fue destruido lo que quedaba del templo del Serapeo después de la destrucción por los judíos en tiempos de Trajano, y también el repaso que le pegó Diocleciano, quien, para conmemorar la hazaña, puso allí su gran columna, razón por la cual los cristianos lo destruyeron, ya que él era el símbolo de las persecuciones que sufrieron durante trescientos años. Pero lo que allí quedaba de la biblioteca era tanto como lo que restaba en otros sitios. El paganismo siguió existiendo en Alejandría hasta que llegaron los árabes. Y el neoplatonismo siguió floreciendo, hasta que lo recuperó el renacimiento cristiano. Por cierto, que yo sepa, su más brillante exponente se llamaba San Agustín, coetáneo de Hypatia.

La historia de Hypatia ha sido objeto de manipulación por todas las tendencias ideológicas, desde la Ilustración hasta el feminismo radical más reciente. Para algunos, como Voltaire, «desde la muerte de Hypatia hasta la Ilustración, Europa está sumida en la oscuridad; la Ilustración, al rebelarse contra la autoridad de la Iglesia, la revelación y los dogmas, vuelve a abrir la iluminación de la razón». En la última versión feminista de Úrsula Molinaro, Hypatia es la campeona del amor libre, a pesar de que en realidad era virgen. La conclusión es que de la verdadera historia de Hypatia se pasa a la leyenda de Hypatia, que se convierte en la leyenda del Crimen de Alejandría, cuyo protagonista principal es el obispo Cirilo.

La película de Amenábar recoge casi todos los ingredientes de esta leyenda: Hypatia es símbolo de mujer libre que representa el fin de la cultura grecolatina y el comienzo del oscurantismo cristiano, asesinada por unos fanáticos talibanes cristianos al mando del obispo Cirilo. ¿De dónde surge esta leyenda? El primero que narró el crimen fue Sócrates Escolástico en el siglo V, un letrado al servicio del patriarca de Constantinopla Nestorio, enemigo del patriarca de Alejandría Cirilo. Pero la atribución directa a este último de la autoría del asesinato fue cosa del escritor pagano Damascio, que escribió la «Vida de Isidoro», que es una apología del paganismo durante el final del siglo V y principios del VI.

No obstante, la auténtica leyenda surge con la obra de John Toland en 1720. Éste era un irlandés, hijo ilegítimo de un sacerdote católico, que se hizo protestante y posteriormente activo militante del ateísmo en la Gran Logia de Londres. Después vino Voltaire; después, el historiador Edward Gibbon, quien, para argumentar su tesis acerca de que el cristianismo es la causa interna de la decadencia del Imperio Romano, utiliza la leyenda de Hypatia y declara a Cirilo responsable de todos los conflictos que estallaron en Alejandría en el siglo V. Más tarde llegarán las versiones románticas de Leconte de Lisle y otros, y finalmente el feminismo radical, para el que Hypatia fue la primera mártir de la misoginia, (aversión o rechazo a las mujeres), propia del cristianismo. Todos los autores citados, y alguno más, tienen una cosa en común: son masones reconocidos.

Una de las grandes mentiras de la historia que se quiere propagar es que la mujer fue libre en Grecia y en Roma hasta que llegó el cristianismo y la sometió la sujeción del hombre; a esta idea también contribuye la película Agora. Lo cierto es que en Grecia la mujer era considerada una cosa más de la casa, y en Roma, no era una «sui iuris», es decir, titular de derechos, sino que era considerada «capiti diminutio», como un niño o un incapacitado y, por tanto, estaba sometida a la tutela o la «manus» del padre o del marido. Por el contrario, fue el cristianismo el que consideró al hombre y a la mujer iguales en naturaleza, pues ambos son hijos de Dios y hermanos en Cristo; y prueba de ello es que las primeras manifestaciones de mujeres libres autodeterminándose, pese a la voluntad de sus padres o del estado, fueron las primeras mártires cristianas víctimas de las persecuciones romanas, tales como Inés, Ágata o Cecilia.

Es materialmente imposible pretender que el cine español proyecte películas que verdaderamente representen al 7º Arte, puesto que la jauría de mastines que forman los guionistas, directores y protagonistas pertenece al mundo del desencanto y la ideología ateísta. Deforman cualquier historia con tal de cazar al sagaz espectador que trata de buscar mas la critica dolosa que el verdadero placer del espectáculo que pueda ofrecer el cine.

Toda la historia de Hypatia puesta en escena en la película Agora y la forma de tratar su significado, huele a podredumbre, a corrupción moral.

Buen día, amigos.

COMENTARIO


Respuestas:
09 de Octubre de 2009
Rogelio González Rodríguez, dijo:
Amigo Miguel Ángel: He leído con atención el artículo de opinión sobre AGORA. Estoy plenamente de acuerdo con todo su contenido. Es preciso que se levante la voz en favor del Cristianismo como un bien que ha sido para la humanidad, desde que su fundador Jesucristo nos lo legó con un solo mandamiento: el "amaos unos a otros como Yo os he amado". El pliego está muy bien documentado, haciendo un clara diferenciación entre la historia y la leyenda. Hace una perfecta situación de los personajes que tienen algo que ver con la historia de la protagonista, aclarando sus actuaciones y sus personalidades.
Son indignos realmente los que se aprovechan de su poder público por los instrumentos de la comunicación, como es el cine en este caso, para considerarse con el derecho de tergiversar la historia a su interés y falsearla, como en el aso de Agora. La mentira es una acción dañina que por desgracia, ahora,  la estamos sufriendo en muchos campos.

Le felicito y me congratulo porque hay personas, como usted que, públicamente, defienden la verdad y sus derecho religiosos.

Cordialmente. Rogelio